9.13 Otra fiesta

(augusto de 1619)


Dos dias después de la contienda de los toros y carneros enbió el rey una noche por los enbaxadores, y como el de España fuese algo más tarde por auerse detenido á cenar, ya quando llegó al Maydan auia el rey salido hazia la puente, corriendo alla gran número de honbres á pie y á cauallo, y entre ellos los enbaxadores, hasta que llegados al Charabat vinieron algunos criados del rey á gran priesa, unos tras otros, á llamar al Enbaxador de España, diziendo que el rey le aguardaua en la puente.
Auia el rey mandado con vando público aquella tarde tener luminarias, no solo en las casas particulares, tenplos y lugares públicos de la ciudad de Spahan, sino tanbien en las colonias de Tauris, Julpha y Eruan y en las de los gaores, determinando de tener la fiesta, ó Tamaxa, como dizen los persianos, en una casa nueua de un mercader rrico, entre la ciudad vieja de Spahan y Tauris, junto al mesmo Charabat.
Y aunque uviesen ya llegado á donde estaua el rey los demás enbaxadores y auiendose de tomar el camino para la dicha casa á la mano derecha, antes de entrar en la puente entró el rey con los demás por gran trecho della, entreteniéndose hasta que el de España llegase; pero como por la mucha priesa que le dauan fuese corriendo hasta casi la mitad de la puente, boluia ya el rey en los primeros y á un lado el enbaxador del Mogor dando bozes ¡Hispania, Hispania!, llamando con esto al Enbaxador y pronunciando más propia y latinamente este nonbre que los mesmos españoles; llegó el Enbaxador y poniéndose á su mano izquierda salieron luego de la puente, camino de la casa, siendo increíble el número de gente que auia acudido, con tantos lanpiones y hacheros con lunbres que parecia de dia.
Fue preguntando el rey al Enbaxador de España por las nueuas que entonces tenia de Europa, auiendo en aquella sazón llegado á Spahan algunos rriportes á los venecianos que alli auia, de Bagadat y Alepo, en que se dezia el gran aparato de armadas que se hazia en Italia, ansi por Su Magestad Católica como por el rey de Francía y venecianos, y tanbien de como Manolli, señor de Seida, que es la antigua Sidon, con algunos drusos leuantados del monte Libano auia tomado á Baruto, de los turcos. Y aunque el Enbaxador, tomando aquella ocasión quisiera hazerle ciertas aquellas nueuas, no teniendo otra siguridad de que lo fuesen no le quiso tratar ni persuadirle que mouiese las armas contra el Turco, porque sabiendo quan ageno estaua el rey de esto no quería que no aprouechando y saliendo después incierto el aparato de guerra en Italia, el rey le tuuiese en la opinión en que tenia al obispo de Cirene, mayormente no auiendo tenido de Su Magestad Catholica sobre esto auiso alguno. Y ansi solo le respondió que qualesquiera apercebimientos de guerra, ciertos ó no, tendrían al Turco con cuydado, y si el rey quisiese intentar algo contra él le serian de notorio prouecho, no queriendo, por lo arriba dicho, meter más la mano en esta materia.

Llegó el rey á la casa y apeado subió arriba con los demás, siendo muchas las escaleras, pasándose muchos suelos, sigun la grande altura della, hasta llegar al techo ó terrado, que era muy grande y espacioso, en que auia tantas lunbres que aunque como en parte tan alta y patente corriese algún aire era mayor la molestia de las muchas luminarias, las quales, después de auerse el rey sentado en el mesmo suelo del terrado con todos los que le aconpañavan, se multiplicaron á la vista, de manera que hizo grandissima admiración. Porque ansi en toda la ciudad como en las dichas colonias, quanto la vista podia alcanzar era increíble el número de las luzes que desde alli, estando en medio, á todas partes se vian.
Comenzose luego el común y ordinario entretenimiento de beuer, auiendo muchas tazas y garrafas con vino y algunos platos de pistachos tostados con su cascara, y el rey, muy alegre, pidió su espada al Enbaxador de España, como sienpre lo auia hecho, y teniéndola enpuñada, desnuda, la estuuo mirando con mucha atencion, tocándole muchas vezes la punta, y después de auersela buelto, ansi á él como á los demás les preguntó: ¿que les parecia de lo que se publicaua de Manolli? Dixeron algunos sobre esto, como es cosa ordinaria engrandecer lo que se desea, que este druso, con ayuda que le auian enbiado los principes de Europa se podria apoderar del reyno de Chipre, y otros que lo estaua ya y que era señor de la canpaña, de manera que los Baxás de Damasco y Alepo no se atreuian á hazerle rresistencia.
Y como á todo esto el Chaus del Turco no rrespondiese nada, mas de mirar al Enbaxador de España y rreirse, boluio el rey á preguntar al mesmo Enbaxador particularmente dixese lo que le parecia, el qual, entendiendo la malicia con que lo preguntaua le rrespondio que no creia que Manolli tuuiese tanto caudal y fuerzas que pudiese, no solo lleuar al cabo, pero aun acometer una enpresa tan grande como aquella, mayormente siendo menester tan pujante armada que fuese superior á la del Turco, y que Manolli ni podia tenerla ni se sabia que de Europa se le uviese enbiado, y que lo que podria hazer quando fuese ansi como dezian que él fuese superior en canpaña á los Baxas de Alepo y Damasco, lo qual no parescia creible, era tomar y saquear á Tripol, estando tan cerca del monte Libano, y que sobre aquella materia se informase Su Alteza, de Mahamet Chaus, que estaua presente y sabría dar más rrazon de todo lo que sobre aquello se tratase. Y porque el Chaus estaua medio corrido y callaua, el rey hizo gran fiesta rriendose y mudó luego otra conversación.

Tenia por costunbre el Enbaxador de Laor en todos estos actos públicos, desde el primero dia que vino, á tomar el humo del tabaco, con estar tan cerca del rey como sienpre se hallaua. Para esto le traian un instrumento con que le tomaua, que era un cañuto hueco de oro, de la largura de dos palmos, y de grueso como el menor dedo de la mano, á cuyo cabo auia vn frasquito de oro del tamaño de un hueuo con muchos agugeros, en que auia fuego y los poluos del tabaco, y poniendo el otro cabo en la boca y soplando y boluiendo á rrecoger luego el aliento salia por los agugeros del frasquillo mucho humo, y con tan mal olor que aun para los que estauan mas lexos del era cosa muy molesta y pesada, quanto y mas á los que se hallauan tan cerca como el rey, aunque no fuera en tienpo de tanto calor. Y aunque esto desde el primer dia parescio á todos mucha libertad y para aquel lugar notable desconpostura, lo querian desculpar algunos diziendo que con la asidua costunbre que tenia de tomar aquel humo no podia por aquel poco tienpo pasar sin él sin desuanecerse. El rey, aunque tan humano y apazible con sus huespedes, sienpre daua muestras pero sin dezir nada, de cargarse y enfadarse con el tal entretenimiento del Mogor, porque que demás de la mucha molestia que el humo daua, bien echaua de ver, como agudo y perspicaz que era, que los circunstantes lo notauan.
Y aquesta noche, al tienpo que el indio langaua y rrecogia su humo, boluiendo el rrostro á la parte contraria de donde venia y hazia donde estaua el Enbaxador de España, le preguntó si en España tomauan el tabaco y qué personas lo tomavan; á lo qual le rrespondió el Enbaxador, entendiendo luego á que fin le preguntaua aquello, que solos los indios y los negros tenían y vsauan aquella medicina. Dio luego el rey una gran rrisada con darse una palmada en la frente y leuantandose diziendo que luego boluia, le quitó al Cham de Xiras el turbante de la cabeza y apartándose á una parte del terrado, adonde auia una paredilla ó pretil por donde baxaua una escalera, detras della se tendió en el suelo y se puso á dormir poniendo por cabecera el turbante que á Emancolicham auia quitado. Y luego, de ay á muy poco espacio, llegó el mesmo Cham con la cabeza descubierta como auia quedado, diziendo al Enbaxador de España de parte del rey que en todo caso le boluiese á dezir quienes eran los que en España tomauan el tabaco, y auiendole rrespondido lo que antes, ansi del rey de donde estaua, como de todos los circunstantes, se leuantó tan gran rrisa que duró gran rrato. El Enbaxador de Laor, en este tienpo, ó porque no entendiese lo que se auia tratado sobre el tabaco, auiendose hablado en turquesco, lengua común en la corte, ó que no se quisiese dar por entendido, sienpre estuuo humeando con su canuto en el Ínterin que esta fiesta duró.
En esto se llegó al interprete del Enbaxador de España, Scanderbeg, el valido del rey, y le dixo disimuladamente que podia irse si gustase; que sabido por el Enbaxador se leuantó y se fue, despidiéndose con liuiana cerimonia de los demás, que tanbien hizieron lo mesmo, vendóse todos á sus posadas muy cerca ya de quando queria amanecer.

(García de Silva y Figueroa "Comentarios", Tomo II, Libro VII, Capítulo VII, pp. 400 – 405)

Page loading Error:
Possible yuor browser doesn't support Java/Script. Check current settings.

Ошибка при загрузке страницы:
Возможно, ваш браузер не поддерживает Java/Script. Проверте текущие установки.